Desde hace muchas décadas, la fitotecnia se basaba en el cálculo del aporte de elementos minerales a partir de la determinación efectuada de la extracción de estos nutrientes en la cosecha final, es decir se realizaba un aporte de nutrientes en función del balance efectuado entre lo que tengo en el suelo y lo que el cultivo va a necesitar. A nivel de materia orgánica, exactamente igual, un balance que no tenía en cuenta lo que sucedía en el suelo, ni a nivel microbiológico y mucho menos analizando el riesgo medioambiental, pudiéndolo resumir como que aplicábamos el combustible que creíamos que íbamos a necesitar para alcanzar un nivel de producción.
Actualmente, en agricultura, la nutrición vegetal no depende sólo de la fertilización mineral básica. La agricultura de hoy nos obliga a cuidar de nuestro suelo, procurar que la agricultura sea sostenible y que no volvamos a caer en las malas prácticas agrícolas que se efectuaron desde entonces. Hoy en día tenemos una visión holística de la agricultura, la materia orgánica y los fertilizantes en el suelo son un medio para alcanzar los objetivos productivos, pero sabemos que son una fuente potencial también de contaminación potencial de los acuíferos.
Por otra parte, los avances en fisiología vegetal, gracias entre otras cosas a la biotecnología y a los modernos aparatos de instrumentación en investigación, han logrado convertirse en un motor importante para mejorar la rentabilidad de la agricultura en un entorno de cambio climático y restricciones en muchas de las antiguas prácticas agrícolas.
Actualmente, somos conscientes que cualquier estrés, sea biótico o abiótico, conlleva una pérdida de producción. El cambio climático que vivimos, ha venido a poner de relevancia el estrés hídrico en las plantas, las condiciones de temperatura y humedad extremas y el avance de la salinización de aguas y suelos agrícolas en las principales zonas de producción.
También se pretende la disponibilidad de nutrientes en el momento y forma adecuada y se promueve una vida microbiológica activa en el suelo que permita un ahorro en abonos minerales, ya que su exceso es perjudicial para la fertilidad del suelo.
La legislación europea reciente, a través del Reglamento (UE) 2019/1009, ha venido a respaldar esta realidad técnica, estableciendo un marco claro para los bioestimulantes y validando su función en la mejora de la eficiencia nutricional y la tolerancia al estrés abiótico. En dicho Reglamento, se define lo que son bioestimulantes de plantas como “productos que contienen sustancias y/o microorganismos que estimulan los procesos naturales de las plantas, optimizando la absorción y asimilación de nutrientes, aumentando la resistencia al estrés abiótico y mejorando las características agronómicas”.
La fitotecnia ha evolucionado desde un enfoque basado en la corrección de carencias nutricionales hacia una intervención en función de lo que sucede en las células, activación de rutas metabólicas de resistencia, etc., hemos pasado de hablar un vocabulario puramente de química del suelo a un vocabulario de biotecnología del suelo, que integra muchos aspectos de biología como fisiología vegetal, microbiología del suelo y añadiendo los aspectos de la química y bioquímica del suelo.
En este escenario, los inductores fisiológicos aparecen como un segmento dentro de los biostimulantes, cuyo objetivo es inducir o cuanto menos facilitar la concatenación de los procesos metabólicos que acontecen en las diferentes fases fenológicas de los cultivos, y además, ayudar a superar los obstáculos que pueden dificultar estos procesos, hablamos de aumentar la tolerancia y amortiguar cualquier daño provocado por estrés abiótico y también, proporcionar todos aquellos elementos minerales y compuestos bioactivos necesarios para asegurar el correcto desarrollo de cada fase fenológica.
Profundizando en el manejo técnico de los inductores fisiológicos con José Antonio Yélamos Morales.
Su experiencia abarca no solo el mercado nacional, sino también la adaptación de estrategias de manejo en los más de 30 países donde la compañía tiene presencia. JISA, con casi 40 años de historia y con oficina comercial en Valencia y fábrica en Teruel (España), se ha consolidado como un referente en la fabricación de agronutrientes, bioestimulantes y productos de protección vegetal, destacando en los principales mercados agrícolas a nivel internacional por su compromiso con la calidad.
En España y en Europa, se presenta un panorama revuelto debido a una mezcla de dificultades derivadas del cambio climático, de la situación geopolítica y de los cambios de modelo productivo asociados a la transición ecológica. Parece que las movilizaciones han conseguido frenar y ralentizar algunas de las exigencias ligadas a la agenda 2030, pero creemos que esto es momentáneo y que las exigencias seguirán estando ahí, al final, impulsadas por la propia ciudadanía.
José Antonio, ¿qué opinión tiene como Ingeniero Agrónomo y como profesional de la nutrición vegetal, del papel que juega los inductores fisiológicos en la agricultura actual?
Los inductores fisiológicos aparecieron hace unas cuantas décadas en nuestro sector. Es cierto, que primero llegaron a aquellos mercados agrícolas con capacidad económica y con ganas de mejorar la producción y acercarse al famoso potencial genético que una variedad es capaz de alcanzar. Esto empujó a los profesionales de las empresas de nutrición vegetal a trabajar en busca de productos que pudieran satisfacer esta demanda y a técnicos y agricultores a hacer multitud de pruebas. Se comenzó a intentar mejorar cada fase del cultivo, con el fin de tener mejores resultados.
El mercado de los inductores fisiológicos dentro de los bioestimulantes ha crecido constantemente en todos estos años, y no solo eso, va a seguir creciendo por que el modelo agrícola necesita tener unos niveles de producción altos para poder ser rentables. Al mismo tiempo, fruto del cambio climático, con las restricciones en el uso de fertilizantes (precisamente para ser respetuosos con el medioambiente), con el avance de la desertificación, la salinización de las aguas de riego y de los suelos agrícolas, por ejemplo, hacen que el uso de bioestimulantes en general sea importante incluso en aquellos cultivos o mercados donde no había llegado hasta ahora.
Un tema importante como técnico, es que te permiten una flexibilidad en el manejo de diferentes variedades dentro de un mismo cultivo. No todas las variedades son iguales, en cuanto a vigor, facilidad para el cuajado de fruto, calibre, color. Para un técnico es muy importante disponer de herramientas con las que poder mejorar los puntos débiles de una variedad, o simplemente poder realizar una estrategia de nutrición con la que obtener una mejor uniformidad de cosecha, con calibre comercial óptimo y calidad organoléptica y obtener el mejor precio de venta posible de la producción.
Sabemos que los inductores fisiológicos son bioestimulantes, pero ¿en que se basa su formulación?
Los bioestimulantes inductores fisiológicos, pretenden inducir o en su caso facilitar las diferentes fases de los cultivos.
El objetivo de la fórmula, es inducir o mejorar cada fase del cultivo: enraizamiento, desarrollo vegetativo, floración y cuajado de fruto, engorde y maduración. Para ello, el producto le proporciona las sustancias que activan los procesos fisiológicos en la planta y puede proporcionar los elementos y microelementos minerales esenciales para cada fase del cultivo.
Sus formulados son en su mayoría son multicomponente, es decir, son mezclas complejas de compuestos bioactivos, que pueden tener diferentes orígenes, orgánico y/o de síntesis y pueden contener también elementos minerales en la proporción adecuada para cada fase fenológica.
Gracias a los avances en fisiología vegetal y a la investigación y desarrollo de mercado de materias primas como los extractos de algas pardas (Ascophyllum nodosum, Ecklonia maxima, entre otras) ricas en compuestos bioactivos que son precursores o inductores de la síntesis de hormonas naturales en las plantas, que regulan todas las fases fenológicas de las plantas.
En general, las sustancias que se encuentran en las formulaciones de inductores fisiológicos pueden tener más de un efecto de los citados anteriormente, se busca la sinergia entre los componentes de la fórmula, por eso podemos encontrar también activadores metabólicos. Son sustancias que mejoran la tolerancia al estrés provocado por las diferentes condiciones adversas de cultivo, temperatura y humedad (alta o baja), salinidad, radiación. También pueden ayudar a mitigar el daño oxidativo provocado por un estrés. Aminoácidos, azúcares, vitaminas y derivados de todos estos son susceptibles de formar parte de un inductor fisiológico.
La fase de enraizamiento, por ejemplo, es una fase muy importante para todos los cultivos, ¿cuál sería el objetivo de usar inductores fisiológicos?
Efectivamente, la fase de enraizamiento es crucial en todos los cultivos. Cuando se produce cualquier trasplante, de vivero a suelo, es un momento de shock para la planta, que ve modificado su entorno, las condiciones en las que se estaba desarrollando cambian de repente. Es necesario, activar el sistema radicular para que continúe creciendo y que se desarrolle con fuerza para asegurar el establecimiento de la planta.
En cultivos ya establecidos, el inicio del crecimiento radicular marca el banderazo de salida al ciclo productivo anual. La raíz es por donde la planta absorbe principalmente los nutrientes y el agua del suelo, y también es el cerebro de la planta, donde se sintetizan hormonas que regulan las principales fases del cultivo.
Los efectos fisiológicos deseados sobre el sistema radicular de los cultivos con el uso de un producto bioestimulante enraizante de alta eficacia abarcan desde promover la elongación radicular, proporcionar una mejor arquitectura radicular con mayor número de raíces secundarias y terciarias, a la mayor creación de pelos absorbentes. Las características del sistema radicular dependerán de cada cultivo, pero los objetivos con la aplicación serán parecidos.
Podemos citar como principales características generales de un producto inductor fisiológico del enraizamiento, que pueden contener un alto contenido de fósforo para garantizar su presencia como elemento esencial más importante en esta fase, y puede contener la presencia de sustancias precursoras del enraizamiento, que pueden ser de naturaleza muy variada, como algas, azúcares, ácidos húmicos, ácidos fúlvicos, aminoácidos libres, péptidos y vitaminas, por ejemplo. Se pueden añadir también otro tipo de sustancias que son derivadas de las anteriores y que químicamente pueden ser un poco diferentes, buscando una acción contra cualquier tipo de estrés.
Además, al ser ricos en materia orgánica, mejoramos el entorno de la rizosfera, favoreciendo la interacción con la microbiota beneficiosa del suelo, lo cual es vital para desbloquear nutrientes y proteger a la raíz frente a patógenos de suelo desde el primer día.
Cuando la planta forma su parte aérea y desarrolla una superficie de hojas que le servirá para captar la energía lumínica y lleva a cabo la fotosíntesis, es la fase de crecimiento vegetativo, ¿como puede ayudar un inductor fisiológico aplicado en esta fase a mejorar la producción final?
Si las raíces eran el cerebro de la planta, las hojas son una sala de máquinas, el motor donde se convierte la luz solar en energía que la planta puede utilizar para llevar a cabo todos sus procesos metabólicos. Las hojas son un órgano muy sofisticado, donde se encuentran la mayor parte de los estomas, que regulan los procesos de respiración y transpiración. Cuando una planta empieza a sufrir estrés hídrico, activa sus mecanismos de defensa para aumentar su tolerancia y finalmente acaba cerrando estomas por miedo a deshidratarse.
Si consideramos toda la superficie foliar como un solo órgano, podríamos decir generalizando, que es muy sensible a las situaciones de estrés, especialmente al hídrico. Y que para la formación de su tejido, el elemento esencial sería el Nitrógeno, así como el que se promueva la síntesis de auxinas (dominancia apical) y citoquininas (promueven la división y diferenciación celular, regulan el crecimiento de brotes, retrasan el envejecimiento de hojas y movilizan nutrientes).
Por lo que la formulación de un inductor fisiológico aplicado en la fase de crecimiento vegetativo puede aportar un contenido alto en Nitrógeno, ya sea de origen orgánico o mineral. La mezcla de activadores metabólicos como aminoácidos y sustancias bioestimulantes que mejoran la tolerancia al estrés hídricos, suele formar parte de estos inductores fisiológicos, a la que se le puede unir precursores auxínicos y citoquinínicos derivados de los extractos de las algas.
El objetivo es proporcionar a la planta una serie de activadores metabólicos que ella misma sintetiza y procurarle un ahorro energético que empleará en desarrollar una mayor superficie foliar. Además, es importante que destaque principalmente el Nitrógeno en esta fase para proporcionarle un equilibrio nutricional adecuado.
Este tipo de productos se utilizará cuando buscamos un aumento de vigor en el cultivo en esta fase, como he comentado antes, cuanto mayor superficie foliar tengamos, el potencial de transformación en energía útil para la planta será mayor.
Llegamos a la fase reproductiva, quizás la más sensible. Sabemos que factores como la temperatura o la humedad relativa pueden comprometer la viabilidad del polen y provocar el aborto de flores. ¿Cuál es la estrategia fisiológica para proteger la floración y el cuajado?
Son fases de equilibrios hormonales y de estrés, de diferenciación y división celular en órganos florales y frutos. Fase de gran requerimiento nutricional de fósforo y potasio, boro, molibdeno, pero también, nitrógeno, calcio y sustancias que permiten superar momentos de estrés, así como sustancias antioxidantes que permiten mitigar el daño oxidativo a nivel celular.
La formación y viabilidad del polen vendrán influenciados en primer lugar, por el buen balance nutricional de la fertilización hasta ese momento, un exceso de vigor vegetativo puede causar un desequilibrio que puede afectar negativamente a la fase reproductiva. En segundo lugar, y siempre que el equilibrio nutricional haya sido el adecuado, puede verse influenciado negativamente por una situación de estrés (temperatura, humedad, radiación y salinidad).
En los cultivos de fruto, es la fase crítica que repercute directamente en la producción comercial. Un buen cuajado de frutos, permite germinación de los óvulos que son una fábrica de hormonas vegetales (auxinas y giberelinas) que permitirán la expansión celular del fruto.
El timing de la correcta estrategia de posicionamiento de los tratamientos con inductores fisiológicos marcará el éxito de la futura cosecha. Los objetivos en esta fase de tratamientos con inductores fisiológicos, serán diferentes dependiendo de la estrategia nutricional planteada para ese cultivo, para esa variedad y para esas condiciones de cultivo en concreto.
Está claro que esos factores influirán a la hora de elegir mi estrategia de tratamientos, buscando un mayor número de frutos cuajados o un mayor número de frutos comerciales.
La formulación de estos inductores puede proporcionar un aporte de elementos minerales altos en fósforo y potasio, así como de microelementos proporcionan una rápida disponibilidad de estos elementos, la mezcla con otras sustancias bioestimulantes como extractos algas, aminoácidos y otros compuestos bioactivos nos dan ese plus de bioestimulación para que la fase reproductiva se desarrolle con las mejores garantías y nuestra estrategia nutricional tenga el éxito esperado.
El resultado agronómico es una homogenización del cuajado de frutos, promoviendo un mayor número de frutos que inicien su desarrollo al mismo tiempo, que dispongan en las primeras fases de crecimiento un mayor número de células, lo que repercutirá directamente en su calibre final.
Finalmente, en la etapa de engorde y maduración, el agricultor busca calibre, color y grados Brix. A menudo se recurre a aportes masivos de potasio, pero esto puede bloquear otros nutrientes. ¿Cómo propone JISA abordar la calidad del fruto en esta fase desde un enfoque bioestimulante y no solo nutricional?
El objetivo es la uniformidad de la cosecha, precocidad por un lado y calidad de fruto por otro, cualidades organolépticas, firmeza y color. El elemento esencial en estas fases productivas es el potasio, aunque en la primera fase del engorde de fruto el nitrógeno y calcio son elementos tan importantes como el mismo potasio.
Cuando el fruto ya tiene el calibre comercial, el potasio adquiere toda la importancia. En ese momento, la ayuda de sustancias precursoras del color y de la maduración (aminoácidos específicos, sustancias con efecto osmoprotector , formulaciones que mejoran la asimilación de potasio), favorecen la movilización de azúcares, vitaminas y polisacáridos.
El exceso de potasio mineral, puede tener diversas consecuencias, principalmente siempre relacionado con desequilibrios con otros elementos tan importantes como magnesio y calcio, lo que puede llevar a problemas en la calidad de fruto por no tener el equilibrio nutricional adecuado.
La combinación con sustancias bioestimulantes, van a mejorar la eficiencia de la fertilización potásica. Sin tener que aplicar fertilizantes minerales en exceso, la planta va a poder traslocar al fruto azúcares y va a seguir realizando el proceso de fotosíntesis y transpiración, por lo que se producirá una correcta traslocación de otros nutrientes igual de esenciales, aunque se necesiten en menor cantidad.
Esto facilita que la planta absorba y movilice el potasio hacia el fruto sin incurrir en un gasto energético excesivo, mejorando la regulación estomática. Agronómicamente, esto se traduce en un aumento real de los grados Brix, una coloración más intensa y una maduración uniforme, que es lo que finalmente valora el mercado.
¿Nos puede hablar del I+D+i en inductores fisiológicos y la transferencia tecnológica al campo?
La sofisticación de estos productos requiere un respaldo científico sólido. En este sentido, el papel de empresas formuladoras como JISA, va más allá de la fabricación de un producto mezclando una serie de materias primas; implica una labor continua de investigación, desarrollo e innovación.
Para ello, en la empresa mantenemos colaboraciones con universidades y centros de investigación públicos y privados, para validar los modos de acción de los bioestimulantes y entender mecanismos complejos de acción desde la teoría de la fisiología vegetal a la realidad del campo, por ejemplo, el efecto osmoprotector de ciertas sustancias bioestimulantes como afecta a la regulación osmótica en situaciones de sequía.
Esta transmisión del conocimiento y de la experiencia la realizamos a través de nuestros equipos de técnicos-comerciales que tenemos en cada mercado, nacional e internacional, proponiendo diferentes estrategias de manejo con inductores fisiológicos, en función de los cultivos y los condicionantes del cultivo en cada condición.
El sector de los bioestimulantes requieren de una aproximación a la realidad del campo, enseñar a usar los productos como herramientas para diseñar el programa de nutrición más adecuado para cada circunstancia y no verlo como el que busca la gallina de los huevos de oro para sin mucho esfuerzo obtener grandes resultados. No se trata solo de vender un envase de un determinado producto, sino de integrar estas tecnologías en los itinerarios técnicos de cooperativas y grandes explotaciones.
La marca de una empresa tiene que garantizar el valor del producto que el técnico o el agricultor tiene en sus manos.
El equipo de redacción le agradece su tiempo y conocimientos sobre los inductores fisiológicos, que representan la tecnificación necesaria para una agricultura que debe producir más y mejor en un entorno climático cada vez más hostil. Y mostrarnos cómo estas herramientas demuestran que, entendiendo el lenguaje de las plantas, podemos ayudarlas a superar sus propios límites biológicos.



